Las páginas finales del planificador suelen quedarse en blanco… y durante mucho tiempo yo también las dejaba así, sin darles demasiada importancia. Pero cuando empecé a usarlas con intención, me di cuenta de que podían convertirse en una de las partes más útiles de todo el planificador. Las páginas finales del planificador no son un relleno, son una oportunidad real de adaptarlo a tu vida.
Al final, todo esto va de aprovechar lo que ya tenemos. No se trata de añadir más cosas sin sentido, sino de dar un uso práctico a cada espacio. Y esas últimas páginas, bien utilizadas, pueden ayudarte a mantener el enfoque, recordar lo importante y disfrutar más del proceso de organizarte.
Cómo aprovechar las páginas finales del planificador de forma práctica
Con el tiempo he probado distintas formas de usar estas páginas, y no todas me han funcionado igual. Algunas se me quedaban a medias, otras las abandonaba… pero hay varias que sí he mantenido porque realmente aportan valor en el día a día.
Aquí te dejo las que mejor me han funcionado, por si te sirven de inspiración o quieres adaptarlas a tu estilo.
1. Crear una sección de “Libros por leer”

Una de las formas más sencillas de empezar a usar las páginas finales del planificador es crear una lista de libros pendientes. Yo lo hago como un pequeño registro donde anoto tanto lo que estoy leyendo como lo que quiero leer más adelante.
Si te gusta tenerlo visual, puedes dibujar pequeños iconos de libros y colorearlos cuando los termines. Es un detalle muy simple, pero motiva bastante más de lo que parece.
Además, puedes hacerlo más completo añadiendo una pequeña valoración o una frase que te haya gustado. Así no solo llevas un control, sino que también creas un recuerdo de lo que lees.
Si no eres de leer mucho, puedes adaptar esta idea fácilmente a una lista de películas o series. Lo importante no es la categoría, sino que tenga sentido para ti.
Puedes ver un ejemplo más detallado aquí: registro de libros por leer.
2. Crear un espacio de recuerdos tipo scrapbooking

Esta es probablemente una de mis formas favoritas de usar las páginas finales del planificador. Siempre he sido de guardar pequeños recuerdos: entradas, tickets, fotos… y tener un espacio donde darles forma me ayuda a no dejarlos olvidados en un cajón.
Las últimas páginas son perfectas para hacer algo tipo álbum de recortes. No hace falta que sea perfecto ni que siga una estructura concreta. De hecho, cuanto más natural salga, mejor.
Yo suelo usar fotos impresas con una cámara tipo polaroid, porque me gusta ese formato más sencillo y directo. También añado pegatinas, trozos de papel o cualquier cosa que tenga sentido para ese recuerdo.
Y algo que al principio no hacía, pero ahora siempre intento incluir, es escribir unas líneas. Qué pasó ese día, con quién estaba, qué me llamó la atención… pequeños detalles que con el tiempo se agradecen mucho.
Si te gusta el junk journal o el scrapbooking, este espacio se convierte casi sin darte cuenta en una extensión natural de tu estilo.
3. Registrar tu año en píxeles

Otra idea que me sorprendió para bien fue el típico “año en píxeles”. Al principio pensé que no lo iba a mantener, pero al final es una de esas cosas que, cuando te acostumbras, haces casi sin pensar.
Consiste en dibujar una cuadrícula con todos los días del año y asignar un color a cada tipo de día. Puedes basarlo en el estado de ánimo o en cómo has sentido la jornada en general.
Para hacerlo más práctico, yo utilizo rotuladores o subrayadores de colores, como estos de colores variados, que permiten diferenciar bien cada día.
Lo interesante de esto es que, con el paso del tiempo, puedes ver el conjunto del año de un vistazo. Y no desde una sensación puntual, sino desde una perspectiva más completa y real.
No se trata de analizar cada día en exceso, sino de tener un registro sencillo que te ayude a ver patrones o etapas.
4. Hacer un árbol de seguimiento de hábitos

Si estás intentando mantener ciertos hábitos, esta idea es muy visual y bastante útil. En lugar de hacer una lista típica, puedes dibujar un árbol e ir completándolo poco a poco.
Cada vez que cumples el hábito, añades una hoja, una flor o un pequeño detalle. Es algo sencillo, pero ayuda a ver el progreso de una forma más clara.
Yo lo he usado en etapas donde necesitaba constancia en cosas concretas, y ver cómo el árbol iba creciendo me ayudaba a no dejarlo a medias.
No es una herramienta complicada, pero sí es de las que funcionan porque te mantiene enfocada sin agobiar.
5. Mantener una lista de cosas que te hacen bien

Hay días en los que todo se hace más cuesta arriba. Y en esos momentos, tener algo escrito que te ayude a volver a centrarte puede marcar la diferencia.
Por eso empecé a usar las páginas finales del planificador para anotar cosas sencillas que sé que me hacen bien: pequeños planes, momentos, detalles…
No es una lista perfecta ni cerrada. De hecho, la voy cambiando con el tiempo. Pero tenerla ahí me ayuda a no perder de vista lo que realmente aporta valor en mi día a día.
A veces son cosas muy simples, pero justo por eso funcionan.
¿Y tú cómo utilizas las páginas finales del planificador? Me gusta leer ideas diferentes, porque al final cada una lo adapta a su forma de organizarse.
![]()
¡Apoya mi trabajo! Si disfrutas de mis artículos y herramientas, considera invitarme a una taza de café. Y no te pierdas nada suscribiéndote a mi lista de correos. Recibirás actualizaciones exclusivas, consejos útiles y acceso anticipado a mis últimas creaciones. ¡Únete a nuestra comunidad! ![]()
Descubre más desde ScrapStudio
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.





