5 formas de aprovechar las páginas finales de tu planificador

Páginas finales de un planificador: 5 ideas para aprovecharlas

Cuando utilizamos un planner durante meses, solemos prestar mucha atención a las páginas semanales, mensuales o destinadas a tareas, pero es bastante habitual llegar al final y encontrarnos con varias hojas que nunca hemos utilizado. A mí también me ocurría. Durante mucho tiempo dejaba esas páginas en blanco simplemente porque no sabía muy bien qué hacer con ellas.

Con el tiempo empecé a reservar las páginas finales de un planificador para información que quería conservar durante todo el año, pero que no necesitaba consultar dentro de una semana o un mes concretos. Ese cambio las convirtió en un espacio mucho más útil.

No hace falta llenarlas todas ni añadir secciones únicamente porque queda espacio disponible. La idea es aprovecharlas para aquello que realmente tenga sentido dentro de tu forma de organizarte, leer, crear o guardar recuerdos.

Cómo aprovechar las páginas finales de un planificador

Una de las ventajas de estas hojas es precisamente que no tienen que cumplir la misma función que el resto del planner. Pueden utilizarse como registros permanentes, pequeñas colecciones de información o espacios más creativos que vas completando poco a poco.

Estas son cinco formas que he utilizado y que puedes adaptar fácilmente según lo que quieras conservar durante el año.

1. Crear un registro de libros por leer

Una lista de lecturas encaja especialmente bien al final de un planificador porque no depende de fechas concretas. Puedes empezar anotando los libros que quieres leer y completarla durante el año a medida que encuentras nuevas recomendaciones.

Yo prefiero utilizarla como un pequeño registro en el que puedo distinguir lo que tengo pendiente de lo que ya he terminado. También puedes añadir una valoración breve, la fecha de lectura o alguna anotación que te ayude a recordar el libro después.

Si quieres darle un formato más visual, puedes dibujar pequeños lomos de libros e ir coloreándolos cuando termines cada lectura. Pero tampoco hace falta convertirlo en una página decorativa: una lista sencilla puede resultar igual de útil.

En mi artículo sobre cómo crear una lista de libros por leer encontrarás más ideas para preparar este tipo de registro.

2. Reservar unas páginas para recuerdos

Las últimas hojas también pueden convertirse en un pequeño archivo del año. Siempre me ha gustado guardar entradas, tickets, fotografías y otros recuerdos, y estas páginas ofrecen un lugar concreto donde reunir algunos de ellos sin tener que preparar un álbum independiente.

Puedes utilizarlas como una pequeña sección de scrapbooking: pegar una fotografía, conservar una entrada, añadir un trozo de papel relacionado con ese día y escribir unas líneas explicando qué ocurrió.

Yo suelo utilizar fotografías impresas con una cámara tipo polaroid porque su tamaño resulta cómodo para este tipo de composiciones. También puedes utilizar fotografías impresas en casa, pegatinas, papeles o pequeños elementos que hayas guardado.

Lo que más valor acaba teniendo con el paso del tiempo no suele ser la decoración, sino la información que acompaña al recuerdo: dónde estabas, con quién, qué ocurrió o por qué decidiste conservar aquello.

Si trabajas habitualmente con junk journal o scrapbooking, estas páginas pueden funcionar como una pequeña continuación de ese modo de documentar recuerdos, pero integrada dentro del planificador que ya utilizas.

3. Crear un año en píxeles

El llamado año en píxeles es un registro visual formado por una cuadrícula en la que cada casilla representa un día. Se establece previamente una pequeña leyenda de colores y se completa una casilla cada jornada según el criterio que hayas decidido registrar.

A menudo se utiliza para representar cómo ha sido el día en términos generales, aunque también puede adaptarse a otros datos sencillos que quieras observar a lo largo del año.

Para diferenciar las casillas puedes utilizar rotuladores o subrayadores de colores variados. Conviene elegir pocos colores y dejar escrita la leyenda junto a la cuadrícula para que el sistema siga siendo fácil de utilizar meses después.

Su interés está sobre todo en el resultado acumulado. Al terminar varios meses puedes observar el registro completo de un vistazo sin necesidad de escribir una explicación diaria.

4. Diseñar un seguimiento de hábitos visual

Si ya utilizas alguna forma de seguimiento de hábitos y quieres reservar las últimas páginas para un registro anual, puedes sustituir la clásica tabla por una composición visual.

Una posibilidad es dibujar un árbol sencillo y utilizar sus hojas, flores u otros pequeños elementos para representar cada vez que completas aquello que estás siguiendo. Yo lo he utilizado en etapas en las que quería mantener constancia con cosas concretas y me resultaba agradable ver cómo el dibujo iba completándose poco a poco.

Este formato funciona mejor cuando se utiliza para algo muy específico. Si intentas representar demasiados hábitos dentro del mismo dibujo, deja de ser fácil de interpretar y pierde buena parte de su utilidad.

No necesitas tampoco preparar una ilustración complicada. La función del registro es permitirte ver la continuidad, no convertir cada actualización en una tarea adicional.

5. Mantener una lista personal de ideas y planes

Otra posibilidad es reservar una o dos páginas para aquellas cosas que quieres recordar cuando tienes un rato libre: lugares que te gustaría visitar, pequeños planes, actividades que disfrutas, proyectos que quieres probar o ideas que suelen quedarse dispersas entre notas y papeles.

Esta sección puede ir cambiando durante el año. Puedes tachar aquello que ya has hecho, añadir nuevas propuestas o eliminar lo que ha dejado de interesarte.

A mí me resulta especialmente útil para reunir esas pequeñas ideas que no pertenecen a una fecha concreta y que, si no escribo en algún sitio, terminan olvidándose. Tenerlas todas juntas facilita volver a ellas cuando realmente tengo tiempo para hacer algo.

Qué merece la pena guardar al final del planner

Las páginas finales funcionan especialmente bien para información que permanece útil durante bastante tiempo. Por eso suelen encajar mejor los registros anuales, las listas abiertas, los recuerdos o los contenidos que vas completando poco a poco que las tareas con una fecha determinada.

Antes de preparar una nueva sección, piensa si vas a consultarla o actualizarla realmente. No es necesario llenar cada página disponible. Dejar algunas hojas libres también puede ser práctico para añadir más adelante algo que no habías previsto al comenzar el año.

Además, estas ideas no tienen por qué utilizarse únicamente en un planner comprado. Si preparas tu propio sistema de planificación en una carpeta de anillas, un cuaderno o un planificador imprimible, puedes decidir desde el principio qué registros quieres reservar para la parte final.

Al final, las páginas finales de un planificador son precisamente uno de los espacios que permiten personalizarlo más. No tienen que seguir un modelo concreto: pueden convertirse en una pequeña biblioteca de lecturas, un archivo de recuerdos, un registro visual o simplemente unas páginas reservadas para aquello que necesitas conservar.

❥ Sarai


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